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Sebastián Ache acaba de cumplir treinta años, trabaja en una pequeña oficina como comercial inmobiliario y siente que su vida descarriló hace una década, cuando abandonó sus prometedores estudios en Filosofía tras ser atropellado por una paternidad no deseada.
En su nuevo empleo por fin le va bien, gracias a su talento para aprovecharse de la necesidad de la gente que busca una casa donde vivir y, no se engaña, por su inesperada y extraña amistad con Jacobo Lozano, vicedirector de la compañía para la que trabaja.
De querer cambiar el mundo a intentar salvarse a sí mismo, ese ha sido el paradigmático viaje de Sebastián, tan parecido al que muchas veces nos vemos abocados. Ahora, en medio de tensas relaciones familiares, tendrá que plantearse -al conocer a Constanza de la Riba, la presidenta de Caementum, y trabar contacto con un sindicato de inquilinos- hasta dónde llegan sus principios y hasta dónde su ambición.
Una fábula existencialista sobre el choque entre los ideales que un día nos guiaron y la cruda realidad, dura como el cemento, que aplastó esos sueños. Porque, si asumimos que el infierno son los otros, ¿qué somos nosotros para el mundo?


