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Una vaca llamada La Torcida se tumba a rumiar sobre la tierra árida del norte patagónico. El Piche, animal acorazado, desaparece dentro de las cuevas si percibe el peligro. Solía hacerlo también Hilario, un antiguo vecino ermitaño, protector de disidencias. La casi artista ha vuelto a la casa familiar para una investigación multiespecie y ahora documenta en notas de campo su día a día al lado de las vacas o deambulando entre los tamariscos. El padre explica una tarde cualquiera cómo mueren los caballos. La madre mide la alegría con la lluvia. Y la sequía está a punto de superar su propio récord. En Todo aquello que ya estaba, cada entidad -animal, vegetal, mineral o inerte- hace parte de la gran asamblea de lo viviente, el coro de modestos seres a los que les debemos gentileza. Allú, cuerpo y naturaleza se entrelazan en un continuum vibrante, sin principio ni final.


