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La voz de Alicia G. Núñez propone el gusto en lo austero, la inteligencia de la calma que llega después de un tiempo esforzado. Con brevedad y la precisión, a través de un registro mínimo de vivencia, el texto resiste al silencio que cita. Parece decir: también el silencio demanda ser registrado. Sin duda ese abandono, esa no implicación apasionada, forma parte «de la estructura/de la escritura».
Del prólogo de Sara Torres
Hay poetas que amasan lenta, glutinosamente la lengua; la despiezan, la esponjan, la reconfiguran. Otras son soldadoras de palabras: en el proceso dejación de piezas líricas, buscan el chispazo, el fuego, la intensidad del estallido. Me aventuraría a decir que Alicia García Núñez pertenece a la segunda categoría. Si la primera la podríamos asociar a la (hoy, tal vez, intempestiva) melancolía, la segunda, con toda seguridad, iría vinculada al tan contemporáneo desasosiego.
Del epílogo de Laia López Manrique


