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En las últimas décadas, la lógica punitiva se ha ido imponiendo en todas las esferas de la sociedad. Dentro del Estado, hemos asistido a un endurecimiento de las penas y a un crecimiento del número de efectivos de la policía, que además han aumentado su poder y disfruta de más presupuesto y más armamento. Entre la opinión pública, basta echar un vistazo a las redes sociales para ver cómo se exigen rabiosamente penas de cárcel y se expresa el deseo de que cualquier persona que haya cometido un delito o sencillamente sea sospechosa de ello sea apalizada, violada e incluso asesinada. ¿Por qué se ha llegado a esto? ¿Cómo se ha instalado esta lógica punitiva? En Políticas del castigo, Alberto Cordero explora la evolución y el auge de este fenómeno, rastrea sus posibles causas y analiza sus potenciales consecuencias. Enfrentadas a un punitivismo hipertrofiado y corrosivo que parece ser el discurso preferido de políticos y opinadores y lastradas por una falta de imaginación política cada vez más acuciante, las alternativas parecen escasas. Pero existen. Desde la tradición abolicionista del sistema penitenciario y policial, Cordero da pistas sobre las posibilidades de poner en marcha otra forma de relacionarnos, de reparar los daños y de hacer justicia.


