Más allá de un imaginario popular inclinado a hacer de la Edad Media un escenario de castillos, empresas heroicas y batallas campales, el legítimo interés que seguimos mostrando hacia el tema de las cruzadas tiene un fundamento sólido. La primitiva Europa a partir del siglo xi conformó su identidad adoptando una postura defensiva contra quienes pudieran amenazarla. Las amenazas no siempre eran reales, pero sí útiles para justificar algo más que una defensa: una voluntad expansiva que una coyuntura económica favorable parecía posibilitar. El islam no era la única amenaza esgrimida. Judíos y herejes compartían el dudoso honor de ser concebidos como las otras caras de una misma realidad diabólica dispuesta a destruir la Europa cristiana. Pero el islam ciertamente sí era la amenaza que parecía más patente. La conciencia de Europa se forjaba en una identidad cristiana cuya permanencia, desde la interesada perspectiva de sus responsables, solo la cruzada podía garantizar. Este mensaje resucitaría una y otra vez en el transcurso del tiempo. No es extraño, por tanto, que la idea de cruzada haya condicionado una perspectiva, al menos una y no poco significativa, a la hora de entender la historia europea.
AUTOR/A
DE AYALA MARTÍNEZ, CARLOS
Carlos de Ayala Martínez, doctor en Historia Medieval por la Universidad Autónoma de Madrid (1985) y licenciado en Estudios Eclesiásticos por la Universidad Pontificia de Comillas (2006), en la actualidad es catedrático de Historia Medieval de la Universidad Autónoma de Madrid. A sus tradicionales líneas de investigación ?la monarquía castellana plenomedieval, las órdenes militares y el origen y evolución de la ideología de guerra santa cristiana y cruzada en la Península Ibérica-, se suma un creciente interés por el análisis de legitimación político-religiosa y su fundamentación doctrinal.



