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Dos voces van entretejiendo el relato. Jana y Florencia, dos primas argentinas que residen en Barcelona. Jana: escritora, con una tendencia natrual a la melancolía, y una voz cuyo ritmo fragmentario se ve interrumpido por reflexiones atravesadas de sensibilidad. Florencia: pintora, con una mirada más lúcida y sacrástica, y una voz que se sirve de colores e imágenes visuales para contarse. Esta historia es también el relato de amor entre ellas, la superviviencia ante la violencia familiar, la fuerza de los vínculos en la sanación. El uso de simbolismos, flashbacks y visiones oníricas permiten la construcción de un lenguaje sólido y transformador. Al final, el colapso del mundo es una excusa para hablar de otras cosas: la precariedad, la desilusión el derrumbe de los sueños, el proceso migratorio, la fractura de la lengua. Miryam Hache acaba de firmar un pase seguro a la gran literatura, reconduciendo el mito de la viajera.


