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Ni mera sala de exposiciones ni torre de marfil alejada de la realidad: el museo está conformado por variedad de cruces de caminos, donde a veces convergen o se distancian ritmos y obligaciones. No hay un único recorrido determinado por catenarias y cordones, sino que la conservación de contenidos y su acceso, investigación y mediación, estabilidad y cambio, crítica y público, memoria y urgencias del presente suponen un genuino laberinto. El museo, en cuanto institución pública, refleja la actualidad y la presión política que vivimos; muestra conflictos culturales y señala la disputa por el sentido. Para poder ser "todavía", debe trascender su función tradicional, superar la fatiga organizativa y, finalmente, asumir que es campo de disputa, aprendizaje e inestable contradicción.
Museo, todavía construye una cartografía de las fuerzas y tensiones que atraviesan la institución, de sus condiciones materiales, marcos de decisión, disputas de autoridad y expectativas públicas. La intención es orientar la acción dentro de esa complejidad, para que el museo no solo sea representación, archivo y memoria de la complejidad de nuestro mundo, sino que sea espacio de apertura radical y ejerza de agente transformador.


