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Madrid, 1983. En los portales, en los descampados o en los bares de la periferia comienza a repetirse una misma escena: chavales que de la noche a la mañana desaparecen, el silencio de sus familias, el clamor popular en los barrios obreros y la pasividad de las autoridades. Nadie parece tener prisa por explicar qué está pasando y hoy, más de cuarenta años después, sigue sin haberla dado que nadie ha asumido responsabilidades por la epidemia que asoló barrios obreros por todo el país y segó la vida de una generación entera.
A caballo entre la novela negra y la crónica periodística, «Hijos del caballo blanco» se adentra en los años más inciertos de la joven democracia española y examina algunos de sus aspectos más brutales y sombríos. Con una prosa directa y documentada, Ignacio Marín construye un relato donde la ficción se sostiene sobre hechos reconocibles y una memoria colectiva aún incómoda: la epidemia de heroína en la periferia obrera, la violencia política, el dolor de las familias, el relato oficial sobre la Transición? todos estos elementos, bajo el telón de fondo de la reconversión industrial, forman parte de esta novela que, sin rodeos, lanza varios interrogantes sobre aquella generación que se desangró en silencio.





