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Un compendio de la reflexión de Rancière sobre las distintas facetas de la creación humana
El momento en que el arte se identificó como una esfera autónoma de experiencia y se instaló en museos y salas de conciertos fue también el momento en que surgió la necesidad de que saliera de sí mismo, de que se convirtiera en algo distinto del arte.
La música ha pretendido ser algo más que el arte del músico: el lenguaje de la mente o el drama del futuro. La arquitectura quiso construir no sólo edificios, sino un mundo nuevo, y para ello buscó surcar los cielos. Los artistas revolucionarios decidieron crear no sólo cuadros, sino las formas de una nueva vida. Y las performances e instalaciones del arte contemporáneo se sitúan en la indecisa frontera entre el interior y el exterior, entre el arte y la política.
Al seguir algunos de estos viajes, Jacques Rancière muestra también cómo los viejos maestros, Kant y Hegel, nos ayudan a comprender sus desvíos.

















