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Durante los últimos años hemos visto cómo han florecido los pensamientos sistémicos, cómo las grandes preguntas de las teorías revolucionarias del siglo XIX, de marxismo, del anarquismo, del socialismo vuelven a estar en el centro atravesadas por las luchas y aprendizajes de las décadas anteriores. Mientras la ecología, el feminismo, lo LGTBIQ+ o la diversidad forman parte, cada vez más, de la cultura de masas, las corrientes revolucionarias se han visto en la necesidad, como dice Floyd, “de hacer una profunda consideración sobre cómo las formas en que esta relación está atravesada por una serie de regímenes de normalización y de formas de jerarquía social”, y con ello el incorporar estas realidades dentro de su cuerpo teórico central.
Así, si hace un cuarto de siglo parecía que, por ejemplo, marxismo y teoría queer eran dos horizontes casi irreconciliables, actualmente , estamos asistiendo a una necesaria proliferación de pensamiento marxista desviado de género que está releyendo y reinterpretando desde la economía política, cuestiones como la teoría de la reproducción social, la moral burguesa, la sexualidad, autodeterminación, la abolición de la familia y de la explotación de los cuerpos, la cultura, la revuelta o la revolución
Los propios movimientos están entendiendo que pese a la aceptación de los “derechos” y su inclusión en la cultura mainstream no está garantizando la emancipación y que como dicen Gleeson y O’Rouke, “a menudo se piensa en el régimen de control que supone la burocracia estatal y la propiedad privada de viviendas y empresas como un hecho inevitable que hay que revestir con talleres de concienciación y formaciones sobre el uso de pronombres”. Es por ello que se hace necesario, tras este largo proceso de transición, el preguntarse sobre la liberación social. En definitiva, una emergencia que nos habla tanto de la necesidad que para comprender las vidas de las disidencias sexuales es necesario comprender el papel estructural que juegan en el capitalismo actualmente existente, como para comprender este capitalismo ampliado es necesario incorporar la mirada de las disidencias sexuales y de género.